Esta angustiante situación puede ser debida a un gran abanico de factores, los cuales conoceremos a lo largo de este artículo. Pero antes de comenzar, debemos tener en cuenta una consideración: el tiempo que nuestros auriculares se mantienen sanos. En el caso de que los mismos nos duren unos tres años, por ejemplo, no deberemos pensar demasiado y reemplazarlos sin mediar reflexión, ya que es el lapso normal que duran los componentes que los conforman.
Pero en el caso de que este período se reduzca a unos pocos meses, definitivamente es un signo de que somos nosotros los que los estamos tratando mal. A partir de aquí, algunas de las señales más evidentes que nos permitirán saber cuales son los errores que estamos cometiendo.
Por más que un par de auriculares haya sido diseñado y fabricado con componentes de la mejor calidad para poder disfrutarlos por mucho tiempo, somos nosotros los que nos convertimos en sus verdugos, la mayor parte de las veces por descuidos torpes como olvidarnos de que los llevamos puestos, lo que origina una gran cantidad de situaciones de peligro para nuestros desdichados auriculares, ya que podemos romper sus cables con una facilidad pasmosa.
En este sentido, una de la peores cosas que podemos hacer es, cuando terminamos de escuchar música, enredarlos en el dispositivo, ya que esto provoca una tensión innecesaria y a la larga terminarán dañando el cable. Si bien esta es una forma realmente cómoda de guardar nuestro reproductor, lo cierto es que nuestros auriculares sufren, y cada día que pase, menor será la calidad de audio captado a través de los mismos.
Los usuarios generalmente no tienen en cuanta la delicadeza de un par de auriculares, y puesto que ya definitivamente no se fabrican con aquellos cables enrulados y gruesos que podían resistir cualquier maltrato, tendremos que volvernos más precavidos. Sin embargo, aún cuando el cableado con que se fabrican hoy en día los auriculares es extremadamente fino y lo hace muy propenso a las rupturas, por contrapartida los vuelve mucho más cómodos y discretos.
Esto es terriblemente malo para los auriculares, y no nos extrañemos que luego de un par de meses de ese tipo de tratos no funcione un parlante o comencemos a escuchar ruidos raros.
Lo mejor que podemos hacer para evitar estos inconvenientes, es almacenar nuestros auriculares en un lugar en donde no estén expuestos a tirones ni presiones.
Esto es debido a la forma en que los altavoces están diseñados, y al reproducirse sonidos con niveles extremos, el tamaño de las ondas de sonido cambia de tamaño los componentes del parlante, haciéndolos más grandes, lo que luego de pasado cierto tiempo de uso, aflojará sus piezas, produciendo el mencionado zumbido reduciendo considerablemente la calidad del sonido. Ocurre lo mismo cuando elevamos el nivel de graves hasta el máximo o tenemos activada alguna función del tipo “Extra-Bass”.
Si bien siempre podemos comprar auriculares bien construidos, y por lo tanto mucho más caros que lo habitual, este problema se reduce, pero de igual manera no es mal idea cuidar el volumen con el que escuchamos música, por los auriculares y nuestros oídos.
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